Mis grandes compañeras…

Compañeras de habitación en el hospital he tenido…, unas pocas. Normalmente, siempre ha sido gente mayor y en la planta de traumatología. He visto muchas caderas rotas y prótesis de rodillas. He visto como el efecto de la anestesia en muchos casos, les trastorna unos días y vuelven a su juventud, realizan gestos como los de tejer o coser con las manos vacías, y se sienten confundidos. He aprendido mucho observándoles y escuchándoles, he conocido muchas vidas, con sus alegrías y sus penas, muchas vivencias increíbles que te hacen replantearte muchos temas en tu vida.

Os confieso que a mi la gente mayor me llega de una forma especial, les adoro, son una fuente de sabiduría y me llegan mucho. Cuando les he visto sufrir no solo por los dolores físicos, porque de esos ya saben mucho, sino también por los dolores del corazón, el mío se ha partido. He visto muchos tipos de familia, y muchas formas de tratar a la gente mayor, a veces me he hecho sangre en la lengua para no intervenir, porque al fin y al cabo, no conozco su historia y como dice siempre mi yaya, “Miriam, en tu casa cuecen habas y en la mía a calderadas”. Pero si he tratado siempre de que se sintieran lo mejor que he podido a mi lado.

En la primera entrada al hospital para operarme, me cambiaron de habitación y conocí a una mujer que desgraciadamente tenía alzhéimer (que difícil ha de ser cuando no puedes recordar aquello que te ha hecho vivir) y una rodilla fastidiada, la cual, iban a operar. En ese momento, como muchos ya sabéis, era cuando la miastenia estaba dando la cara pero no sabíamos que estaba pasando y apenas me permitía moverme, no digamos hablar, pero me percataba de todo.

Una tarde, mi tíííííííííííííííííííísima Mayte (que importante es tener a tu lado gente que te aprieta, y ella es una de muchas) vino a pasarla conmigo y se sentó en el sillón del paciente, cerca de mi cama. Al otro lado de la habitación, se encontraba mi compi, que ya la habían operado, y sus hijos con una amiga. Para ellos, creo que pensaban que estaban muy lejos de nosotras y no escuchábamos nada y la conversación fue la siguiente:

(Visita) – Oye Pepita, una pregunta. (Mi compi) – Dime Juanita. (Visita) – De las dos que hay, ¿cuál es la que esta malita?, ¿la qué esta en la cama o en el sillón? . (Mi compi) – No lo se…, espera que mire…, ¿la del sillón,no? (Visita) – Aahh, si, si, tienes razón.

Mi tía se volvió y se echo a reír, yo tampoco podía parar de reír internamente con la conversación y sobretodo por la observación que estaban haciendo, por supuesto, teníamos que tener en cuenta la afección de al menos una de ellas. Nos miraban como si nosotras no las viésemos a ellas. Muy tiernas, jajaja.

No sé si sabéis, que una de las características que tiene el Alzheimer es que aquellos que lo padecen en un estado avanzado, perciben los componentes emocionales (rabia, dolor…) pero es muy posible que no sean capaces de demostrarlo o expresarlo. A esta señora le acababan de operar y en principio no debía levantarse de la cama.

Esa misma noche, mi marido se quedó a dormir, aunque dormimos poco por varios motivos. Yo estaba a horas de que me bajarán a la UCI y estaba incomoda, inquieta…, y esta mujer… ay esta pobre mujer. Os daré otro detalle, los pacientes en el hospital nos activamos por la noche que es una pasada y mi chico no es que sea tranquilo, es más bien todo lo contrario. Pues esta mujer cuando el reloj toco las doce de la noche, empezó a querer irse de allí. Yo que me di cuenta, no hacía más que pegarle toques como podía a mi marido para que fuera detrás de ella porque sabía que no era bueno que lo hiciera.

Oía a Edu diciéndole “¡SEÑORA, SEÑORA! QUE TIENE QUE ESTAR EN LA HABITACIÓN”. Y la traía de vuelta. Al rato, se volvía a levantar y Edu corriendo tras ella, porque la acababan de operar, pero ¡vaya ritmo! ¡SEÑORA, QUE NO PUEDE LEVANTARSE! “HIJO QUE YO HE QUEDADO, QUE ME VOY A CASA A VER A MI MARIDO”.

Esa noche a pesar de lo que yo tenía encima, tuve dos emociones encontradas porque me dio una pena terrible saber que aquella mujer no tenía lo que muchos, a personas que le acompañaran y ayudaran, no solo en el hospital y por otro lado, me sentía bien de que nos tuviera y pudiéramos ayudarla aunque fuera por esa noche.

Las personas mayores son un tesoro que muchos no saben apreciar, a pesar de sus manías (quién no las tiene), sus historias de vida contadas 200 veces en un día (a quién no le gusta que le escuchen)… He tenido la suerte de disfrutar de los cuatro, y aun sigo pudiendo compartir y aprender de una de ellas. El tiempo que comparto con ella y que he compartido con los que partieron son un regalo. Cuidar es precioso y que nos cuiden es maravilloso.

2 comentarios sobre “Mis grandes compañeras…

Agrega el tuyo

  1. Uf, las historias de hospitales… yo recuerdo estar riéndome de un chiste con un ojo en mi padre, y con el otro en el monitor cardíaco cagado de miedo. Una mezcla de risa/pánico super rara.

    Le gusta a 1 persona

  2. Miriam, nosotros, como familia supimos conservar y utilizar el sentido del humor para sobreponernos y pensar siempre en positivo. Te admiro y te quiero por como decides vivir, siempre con ganas de seguir, de luchar, y siempre que se pueda también disfrutar.Nueno, a decir verdad, lo que mejor se te da es saber disfrutar de la vida. Menuda lección nos diste y nos das sobre la diferencia entre LO QUE NOS PASA y COMO NOS TOMAMOS LO QUE NOS PASA. Mi admiración a ti y también a Edu, que es un campeón.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: