Honoris causa

Muchos ya sabéis por las redes que estoy estudiando. Soy de las personas que dejan todo para el último momento, decidí matricularme cuando comenzó mi último brote y tuve que hacerlo desde el hospital, pequeño detalle con el que no había contado…

Menos mal que mi cuñada se encargó de todo por mí y finalmente pude hacerlo. ¿En que coño estaba yo pensando? Claro que en ese momento yo creía que ese brote iba a ser algo rápido y mi estado de salud se iba a restablecer como mucho en un par de meses jajajajaajaja. ¿Se puede ser más ilusa? Once meses después, no solo sigo con ello, sino que las taras van en aumento (ver foto).

He tenido que aprender a convivir con ellas como no lo había hecho antes. Suelo sacarle la risa pero hay días que no sé en que cajón la he metido. Entonces me desespero y empiezo hacer movimientos extraños de rebeldía y sacudidas con mi cuerpo. Mis amigos al principio no sabían muy bien si me estaba dando un escalofrío, formaba parte de la enfermedad o el diablo me había poseído porque lo acompañaba con ruidos como “aaarrrrggg”.

Con los estudios y sus correspondientes exámenes me he dado cuenta del esfuerzo sobrehumano que tengo que hacer para la entrega de algún trabajo o simplemente meter los conocimientos en mi cerebro.

Podéis pensar que por el hecho de poder hacerlo sentada, tranquilamente y usando nada más que la vista y el cerebro, la cosa es fácil, no hay movimiento. Claaaroooo, super fácil todo. ¿Estáis flipando? El cerebro también es un músculo y mi cuerpo lo sabe. Con lo que estudiar es una tarea agotadora, exhausta y demoledora.

En los exámenes de febrero y junio me preguntaba a mi misma, machacándome, ” ¿En serio Miriam? ¿Ni eso vas a poder hacer?” A pesar de encontrarme con las fuerzas justas, suelo tensar hasta que ya no responde el cuerpo, por mi propia salud mental. Por la física está claro que no…

Muchas veces me planto delante de los apuntes y no consigo entender lo que estoy leyendo. Cortarme el pelo porque no puedo peinarme, vale. Comer purés porque no puedo masticar, venga. Pero no entender una frase porque mi cerebro tampoco quiere funcionar, joooooder.

Necesito mis propios apuntes para poder estudiar pero no puedo coger apuntes. La última vez a la cuarta línea de empezar a escribir mi brazo me hizo una peineta, así como os lo cuento. Pataleta máxima, fin de los apuntes.

Eso me llevó a tener que buscar otras vías que no fueran los libros. Pero se me planteó otra pregunta más importante, ¿qué iba hacer con los exámenes que eran de desarrollo escrito?

La universidad me dio varias opciones: – Realizarlos oralmente. ¿Holiiii? ¿Os he contado que cuando hablo un poco más de lo normal, mi voz pasa por varias fases hasta perderla completamente? Adios a la primera opción. – Realizarlos con algún soporte técnico como un ordenador. ¡Ah claro, que para escribir con el ordenador no uso los brazos! Aaaayyyyyyyyyy.

No había más opciones que las nombradas, así que me lo jugué a pinto, pinto, gorgorito y salió la segunda.

¿Os he comentado ya que lo dejo todo para el último momento? Pues la solicitud de realizar los exámenes con el ordenador la envié fuera de plazo. ¡Ala maja, te toca escribir! Y eso hice, pero tenía que parar muy a menudo.

Los profesores me miraban con cara de ” Esta chica no tiene ni idea, hace más paradas que un autobús”, mientras mi cerebro lo tenía a pleno rendimiento, lo que viene siendo hacer dos cosas a la vez. Recordar aquellas frases que creía en algún momento almacenadas y animar a mis brazos a transcribirlas.

Estoy a un exámen de terminar este curso, mañana seré libre. Me doy cuenta de lo mucho, muchísimo positivo que me está aportando estudiar de nuevo en este preciso momento de mi vida.

Todas las dificultades que he tenido, y sigo teniendo, para poder sacar las asignaturas las extrapolo a la vida en general. Me han ayudado a apreciar que casi siempre en la vida existe otra vía, otro modo de hacer las cosas. Que cuando realmente no son posibles de hacer, tengo la opción de aprender a manejar mis emociones más oscuras como la frustración que me enseña que si no puedo hacer una cosa, existen millones, billones, trillones… de otras muchas que sí puedo realizar y disfrutar. Y si no, me las invento.

En estas situaciones tenemos que buscar todo aquello que ocupe los días haciéndolos más llevables para que nos llenen de cosas positivas. No estar dentro de lo que denominamos “vida normal”, en muchas ocasiones nos lleva a descubrir y a vivir vidas anormalmente interesantes.

Tarados o no, esto va para todos.

5 comentarios sobre “Honoris causa

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  1. Pos yo, ahora estoy intentando buscar algo para ponerme a estudiar. Después del último brote he desechado las oposiciones que tenía en mente. Ahora busco algo sencillito y que me ilusione

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