Para Rocío, mi hermana de epilepsia.

He estado dándole vueltas a la pregunta que me hiciste, lo he pensado mucho y he descubierto que no me gusta nada rememorar los días después de las crisis, y no sé por qué. Bueno sí sé un poco por qué, no me acuerdo, y como todas las cosas que se escapan de nuestro control o nos son inciertas, tendemos a evitarlas. Pero me gusta el ejercicio, es algo que hay que hacer, porque nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, más allá de la epilepsia. Por eso quiero ser sincera, sabes que siempre tiro de optimismo y de quitar hierro al asunto, pero hablando de emociones no te voy a mentir.

Uno no conoce bien la expresión “Esto escapa de mi control” hasta que su cerebro no le sabotea, esto es así. Cuando estamos sanos vivimos pensando exclusivamente que lo importante de la vida es cómo vivirla, y sólo la historia cambia cuando somos conscientes de la fragilidad de nuestra existencia. No hablo de la muerte, ojo, hablo de poder vivir una vida dentro de la “normalidad”.

Los primeros días después de una crisis son días muy extraños y emocionalmente es un festival. Así que, cuando me preguntaste cómo lo gestiono emocionalmente, me quedé en pause. No sé cómo lo gestiono, creo que dejo que me lleve la corriente… literalmente.

Te voy a contar lo que recuerdo y no es bonito, pero te digo desde ya que pasó. Todo pasa, Roci, como decía un cliente del bar cuando me veía estresada “Haz lo que puedas y piensa que pase lo que pase, el día de librar llega”.

La última crisis fue un hostión de realidad horrible, esa mezcla de incertidumbre de si esto va a ser siempre así, esa carga emocional de hacer parecer que estás bien cuando no recuerdas cómo se llama esa cosa que llevas en el pie… lo que hace que puedas caminar por cualquier superficie… sí, eso que lo hay de vestir y para hacer deporte… cuando es de deporte se llama zapatilla y en verano se llama sandalia… joder, cómo era…

Semanas pensando cómo se decía “Zapato” o ese día que ya no pude más y le pregunté a alguien cómo se llamaba eso que todos los días colocaba en las mesas del bar. Llevaba horas volviéndome loca, hablando conmigo misma “A ver, Pal, sirve para poner servilletas dentro. Es un…”. Lloré un montón, a veces a escondidas y a veces creo que me pillaban, no me acuerdo bien. Lo que no se me olvida es la sensación horrible de pensar que había perdido la memoria, la memoria básica, no te digo saber qué había hecho un día, no, me refiero a cómo se puto dice SERVILLETERO.

Sabía que estaba ida, sabía que no era yo y no sabía si me iba a quedar así, así que sé de qué me hablas, compañera, y tengo buenas noticias, pase lo que pase el día de librar llega. Y un día te levantas y eres tú, y tú lo sabes y los tuyos también.

No sé si puedes hacer algo al respecto, pero creo sinceramente que a veces lo mejor es no intentar nadar a contracorriente, a veces lo más sensato para sobrevivir es sólo flotar.

Rodéate de tu gente, escribe un blog, no te disculpes porque no recuerdes algo, sigue viviendo, que no te importe que te vean mal, habla siempre que lo necesites, escríbenos a nosotras… déjate ayudar, “Be water my Roci”.

Un besazo, Pal.

2 comentarios sobre “Para Rocío, mi hermana de epilepsia.

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